jueves, 23 de enero de 2014

Esperanza

Los incautos de la diversión programada están de moda pero carecen de estilo, no hay día que no sientan el silencio de la agonía.
Ya no me disfrazo para divertir a la noche, no siento las miradas de los títeres resignados, no hay nada de malo en morir siendo un extraño.
Hace tiempo que me puse en desacuerdo con la vida, al fin y al cabo la vida es todo lo que no tengo.
El bullicio de los moribundos se convierte en un atronador silencio por la mañana, la obra toca a su fin, los renglones se escriben vacíos. Mi perro sarnoso saborea la esquina de una calle, olfatea los últimos resquicios de estupidez que dejo la madrugada.
Escucho los aplausos de la decadencia, pero la voz que sale de mis entrañas la noto cansada, hay que morir primero para saber vivir después, hay que morir de un sueño para saber vivir de pie.
La casualidad ya ha malgastado todas sus oportunidades, pero los mediocres siempre tienen esperanza.