domingo, 18 de diciembre de 2016

LA OBSESIÒN Y EL DÍA DEL ORGULLO GUL

Pensaba que por estas fechas había puesto fin a todos mis capítulos folklórico obsesivos, esos que suelo tener durante diferentes épocas del año y dependiendo de las circunstancias. El último, fue una obsesión desproporcionada por las infusiones, una toma compulsiva y sin control alguno del producto, con música hindú y sándalos de fondo para darle un toque de “toma de conciencia espiritual” y esas cosas. Después me dio por la miel, y no había abejas en todo el planeta para calmar mis empalagosas ansias. Luego vinieron los yogures, ahí rocé la paranoia, desnatados, activia, danacol, benecol, paracetamol y todo lo que terminara en ol, que para mí calenturienta mente suena muy sanador. Del folklore macrobiótico obsesivo pasé a los zumos y las bebidas isotónicas, para acabar obsesionado por la gripe y sus efectos ,con un armario lleno de ibuprofeno, aspirinas, nolotil, antiobioticos, anti térmicos, suero oral, un quirófano casero, sala de rayos x ,un desfibrilador de segunda mano comprado por Internet…por si las moscas. Luego vino la normalidad y la moderación, aunque entre medio se cruzó una terrible obsesión por la muerte que me hizo ver 985 documentales sobre diversas teorías de lo que ocurre después de estirar la pata. A consecuencia de semejante éxtasis  divino tuve alguna visión, o mensaje del más allá, lo que terminó por obsesionarme aun mas y pensar que estaba loco o poseído por algún ente maligno en plan "Sagarna, el retorno del exorcista". Al final, reflexioné y volvió la calma.
El otro día fui al supermercado, hice la compra, todo se desarrollaba de una manera equilibrada, ni una tentación, aunque hubo un amago con las cremas hidratantes. Cuando me dirigía a la caja observé que había una oferta de gulas, otra de mis debilidades, me acerqué y las había de todas clases, gulas con gambas, guliñas, putiñas, gulas bendecidas por Rajoy, gulas en polvo para esnifar, me abalancé como un energúmeno y empecé a llenar mi carro de paquetes.
Llegué a casa, puse  las gulas sobre la mesa mientras pensaba por cual me iba a decantar esa noche, opté por las más baratas, unas que me habían costado poco más de un euro. Aquello era horrible, era como comer plástico, sabia fatal, pero mi orgullo de “experto” en el tema me impedía parar de comer. El dolor de tripas que vino a continuación fue impresionante, pero me acordé que tenía unas infusiones muy buenas para estos casos, me levanté y me preparé una doble… y vuelta a empezar otra vez desde el principio. Mientras, en la cama, soñaba con un bocadillo de mejillones con salsa de conejo y revuelto de ortigas con croquetas. Eso sí, hoy día 20 de diciembre lo declaro día internacional de los Guleros. Día del orgullo GUL.Patxi Sagarna.